Biografía

María Isabel Carlota Jaramillo Jaramillo nació el 9 de julio de 1904 en la parroquia de Calacalí, un territorio rural profundamente ligado a la agricultura y a las tradiciones familiares. Hija de Isaac Jaramillo y Natalia Jaramillo, creció en un entorno campesino donde la vida cotidiana, la música y las prácticas culturales se entrelazaban de manera natural. Desde su infancia, participó en actividades escolares y comunitarias, destacándose por su voz y sensibilidad artística, cualidades que marcaron tempranamente su identidad. Su formación continuó en Quito, donde ingresó al Colegio Normal Manuela Cañizares, consolidando su educación como docente en un momento en que la música, el movimiento y la expresión corporal formaban parte esencial de los procesos pedagógicos. A lo largo de su vida, Carlota mantuvo un vínculo constante con Calacalí, no solo como lugar de origen, sino como espacio simbólico de identidad. Su trayectoria vital se desarrolló entre este territorio rural y la ciudad de Quito, extendiéndose posteriormente hacia otras ciudades del país y del extranjero. En sus últimos años, tras una vida marcada por el reconocimiento artístico y también por limitaciones económicas, regresó a una cotidianidad más íntima, rodeada de su familia y de los recuerdos de su carrera, hasta su fallecimiento en 1987, dejando un legado profundamente arraigado en la memoria cultural del Ecuador.

Un rincón lleno de alma y tradición.

Ana M.

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Trayectoria Artística

La trayectoria artística de Carlota Jaramillo se construyó desde sus primeras experiencias juveniles en concursos musicales, como el celebrado en 1922 durante el Centenario de la Batalla de Pichincha, donde, junto a su hermana Inés, obtuvo reconocimiento interpretando repertorio nacional. Este momento marcó el inicio de una carrera que se desarrollaría en múltiples escenarios: el teatro, la radio y la industria discográfica. Su ingreso a compañías teatrales y dramáticas le permitió consolidarse como intérprete, combinando actuación y canto en espacios como el Teatro Sucre, mientras su participación en emisoras como Radio Quito amplificaba su alcance. Con el tiempo, su voz se convirtió en un referente del pasillo ecuatoriano, género que interpretó con una profundidad emocional que conectó con amplios públicos. Fue una de las primeras artistas en grabar música en el país, alcanzando gran difusión con temas que circularon en discos y en la radio, tanto a nivel nacional como internacional. Su carrera incluyó giras y presentaciones en ciudades de Ecuador y del extranjero, particularmente en Colombia, asentándose en Cali durante un periodo significativo. A lo largo de estas décadas, Carlota Jaramillo no solo consolidó su prestigio artístico, sino que contribuyó decisivamente a posicionar la música nacional en circuitos culturales más amplios. Su reconocimiento como “Reina del Pasillo” sintetiza una trayectoria sostenida por el talento, la constancia y una profunda identificación con la sensibilidad musical ecuatoriana.

Trayectoria Artística

La vida personal de Carlota Jaramillo estuvo marcada por una historia de amor profundamente significativa con Jorge Araujo Chiriboga, actor, músico y figura del ambiente artístico quiteño. Su relación surgió en el contexto de las compañías teatrales en las que ambos participaban, y pronto se consolidó en un vínculo afectivo y profesional que los acompañó durante gran parte de sus vidas. Juntos compartieron escenarios, viajes y experiencias artísticas, construyendo una relación basada en la complicidad y el trabajo conjunto. En el ámbito familiar, Carlota asumió también la vida doméstica y la convivencia con sus hijos Claudio Vinicio y Nelly, y el entorno cercano de su esposo, integrándose a una dinámica familiar que combinaba la vida artística con responsabilidades cotidianas. Tras la muerte de Jorge Araujo en 1970, su vida experimentó un giro profundo, marcado por la pérdida de su compañero y el progresivo alejamiento de la actividad musical. En sus últimos años, su entorno familiar −incluyendo hijos, hijastros y nietos− se convirtió en su principal espacio de afecto y acompañamiento, mientras su figura permanecía viva en la memoria colectiva del país como una de las voces más emblemáticas del Ecuador.